Desde siempre,
el cobre ha estado ligado
al cuerpo humano.
En textos antiguos se hablaba de él
como un metal que ayudaba a:
• aliviar la tensión muscular
• dar más confort durante el esfuerzo
• proteger el cuerpo en trabajos duros
Por eso muchos lo llevaban
pegado a la piel,
sobre todo en zonas muy cargadas.
Especialmente en la parte baja de la espalda.